Para ilustrar la postura de los hondureños respecto de los últimos acontecimientos del país, cita las palabras de una pequeña comerciante de la Colonia Las Lomas de Tegucigalpa: “Micheletti, Zelaya, ¿qué más da? Las cosas seguirán como siempre. No va a cambiar nada. Lo único que yo quiero es que me dejen vivir en paz para seguir con mi negocio”.

En efecto, los habitantes del país centroamericano no parecen muy distintos de otros de la región en su forma de valorar la política, pues el desencanto con los líderes cubre de escepticismo cualquier expectativa de mejorar, provenga de donde provenga. Sin embargo, Marín Neda no deja de aludir a algo que mucho se ha mencionado al tratar de la democracia en América Latina, y que descubre un correlato del populismo en la irresponsabilidad de los electores: “Nuestra débil memoria política es un mecanismo de defensa. Muchas veces hemos saludado con optimismo el comienzo de una nueva presidencia para terminar luego frustrados por la incompetencia política y la corrupción que le siguen”.